Hay una falta de evaluación crítica del pasado. Pero debemos entender que la actual élite gobernante es en realidad la vieja élite gobernante, por lo tanto, es incapaz de hacer una autocrítica al pasado. Nuestra salvación se encuentra en tratar de alcanzar aquello que sabemos que nunca podremos lograr

-Ryszard Kapuscinski-

miércoles, 13 de febrero de 2013

Un punto.


Descubrimos que vivimos en un planeta insignificante que gira alrededor de una estrella ordinaria perdida entre dos brazos espirales a las afueras de una galaxia que, a su vez, es miembro de un cúmulo galáctico poco poblado, arrinconado en algún punto perdido de un universo en el cual hay muchas más estrellas y objetos que personas.
Desde Aristarco, cada paso en nuestra investigación nos ha ido alejando del escenario central del drama cósmico... Hay quien deplora secretamente estos grandes descubrimientos, porque considera que cada paso ha sido una degradación, porque en lo más íntimo de su corazón anhela todavía un universo cuyo centro, foco y fulco sea la Tierra. Si deseamos que nuestro planeta sea importante hay algo que podemos hacer para contribuir a ello. Hacemos importante a nuestro mundo gracias al valor de nuestras preguntas y a la profundidad de nuestras respuestas

CS

viernes, 15 de junio de 2012

Yo soy Occupy la inconformidad.


Hace poco menos de un año, a principios del otoño, en varios puntos de la ciudad se realizaron movilizaciones en solidaridad con los movimientos Occupy desarrollados alrededor del mundo, en ese entonces, la mayoría de los jóvenes que se encontraban acampando tanto en la Bolsa Mexicana de Valores como en Jardín Hidalgo, en la Delegación Coyoacán, comenzaban a buscar una forma de articularse y actuar en contra de su inconformidad por diversos acontecimientos en la vida cotidiana de todos los mexicanos.

Recuerdo algunas de sus asambleas; los jóvenes ahí presentes, estudiantes y pasantes en su mayoría, hacían reuniones públicas y abiertas en las que se realizaban reflexiones que iban de lo general a lo específico acerca de cualquier tema puesto sobre la mesa; acceso a la educación y su calidad, legalización de las drogas, guerra contra el narcotráfico, el sistema económico, etc. La consigna principal de la Acampada Sur era “demostrar libremente la inconformidad”, durante las asambleas no faltaba el que se unía a la discusión al pasar espontáneamente por ahí, desde jóvenes hasta adultos, académicos, padres de familia, etc, se escuchaban muchas voces, pero los voceros eran los jóvenes. No faltaba, por supuesto, alguno que gritara el típico - ¡Ya pónganse a estudiar! – y pasara de largo sin detenerse a escucharlos.

En ese movimiento comenzamos a observar la capacidad de los jóvenes de manifestarse y organizarse, de reflexionar acerca de todos los elementos que en su conjunto afectaban cada aspecto de nuestras vidas y de intentar hacer algo al respecto. Desafortunadamente el impacto del movimiento no llegó mucho más lejos, sobretodo porque los mismos integrantes declaraban ‘demostrar su inconformidad representándose a cada uno individualmente, sin representar a ningún grupo específico’; nunca se logró entender que la responsabilidad de cada uno de los jóvenes ahí era representar a todos los que no podían estar presentes, fueran niños, jóvenes, adultos, sindicalizados, maestros o campesinos, no se logró unificar la inconformidad de una manera que abarcara a todas las personas, principalmente porque el movimiento surgió como manifestación de solidaridad al Occupy y a los Inconformes en el mundo, no logró tomar su propia voz para hacer exigencias y encontrar un camino que representara el cosmos mexicano.

Durante los últimos dos meses, México ha visto de nuevo una movilización de juventudes impresionante, mucho más grande y fuerte que la de otoño, pero que demuestra que lo ocurrido en Occupy México era sólo el comienzo de la reivindicación al interior y exterior de los jóvenes, que aquellos que se reunieron y durmieron en campamentos durante meses en la Ciudad de México no mentían y que sus reclamos además de válidos eran inminentes; tarde o temprano la inconformidad de frente a un sistema y una situación completamente alejada de la ‘realidad’ que se nos mostraba en los medios se haría escuchar.

Al interior del movimiento #yosoy132 se encuentran muchas de las caras que vimos en la Acampada Sur y Occupy BMV y, afortunadamente, están presentes también muchos de los jóvenes que se vieron medianamente representados en el movimiento, pero ahora con más fuerza y consistencia, con mucha más consciencia de la necesidad de una movilización que se encargue de alzar la voz por los que no pueden o no saben que pueden hacerlo.

Éstos jóvenes retomaron fuerzas al encontrarse de cara con un proceso electoral que no refleja ni promete el cambio que el país necesita, que no cuenta con los elementos que permiten, democráticamente, que la población ejerza institucionalmente su ciudadanía y hable por sí misma y no por lo que un grupo de intereses quieren que se escuche como eco de sus propias voces. Sin embargo, la idea de la juventud organizada sigue siendo cuestionada por muchos; hace un par de días encontré por casualidad, entre muchas de las publicaciones que se han hecho, la siguiente nota:

Concuerde o no con el movimiento, no logro entender la lógica de los cuestionamientos. A los universitarios y jóvenes que nos encontramos viviendo este momento de la historia en México se nos enseñó a través de los libros de historia que los dos cambios más grandes en el país –la Revolución de Independencia y la Revolución de 1910- se dieron a través de la organización de ideales y propuestas de distintos grupos para el cambio; se nos enseñó que las ideas son las que cambian al mundo, se nos educó para pensar y reflexionar, nos dieron herramientas comunicativas, tecnológicas y nos dijeron que a través de ellas podíamos expresarnos.

Peor aún, se nos puso en una situación difícil; después de darnos todo eso, nuestras oportunidades se redujeron, las promesas de educación y empleo no se cumplieron, ese paraíso que nos fue prometido no resultó real, ni medianamente alcanzable. Ahora se cuestiona la veracidad de nuestras ideas y la capacidad de reflexionar y organizarnos, pero no se logra entender que mucho de lo que vemos en #YoSoy132 es producto de la propia educación que se nos dio, entonces ¿para qué nos educaron?

Cuestionar el movimiento es cuestionarse a ellos mismos y la educación que nos dieron y las oportunidades que nos negaron, es enseñar a caminar a un niño y luego impedirle que corra o se mueva por sí solo. Es poner en duda, sin reflexionar, la capacidad de la democracia y su impacto. Hace 10 años, después de la huelga de la UNAM en el 99, muchos de los que se encuentran en #YoSoy132 escucharon de los adultos  que cualquier universitario organizado era un "revoltoso", "sin futuro", que un joven debía ser educado para estar informado y no dejarse influenciar por lo que los demás decían, la idea de ser joven alzando la voz quedó totalmente desprestigiada, luego vino la "transición política" y eso se olvidó. Hoy en día, los niños que crecieron escuchando eso comienzan a tomar su propia voz y seguir el consejo de sus padres; se informan, estudian, analizan, no se dejan convencer ni influenciar, reivindican la idea de la juventud organizada, pero siguen siendo cuestionados.

No sé cuántos de los que hace 10 años se organizaron simpatizan con el #YoSoy132, espero que una gran parte de ellos recupere la fe en la juventud y en su movimiento, pero algo de lo que estoy segura es que los jóvenes del 2012 no quieren quedar reducidos al términos como ‘revoltosos’ y ‘porros’ por el simple hecho de ser jóvenes, y quieren que los jóvenes del 2022 puedan vivir como realidad la promesa que alguna vez a nosotros nos hicieron.

lunes, 11 de junio de 2012

El gran espectro de un poder indeterminado


Hace no mucho tiempo alguien me preguntó quién creía yo que gobernaba México, de manera general y con una gran cantidad de referencias a los partidos y a la historia electoral – sobre todo de los últimos años, respondí de una forma que me dejó un poco insatisfecha y creo que a él, la persona que lo preguntó, también.

Después de esa ocasión la pregunta ha regresado a mí con distintos interlocutores, de camino al trabajo escuchando una discusión por la radio, como encabezado de una revista denunciando tendenciosamente a algún personaje destacable de la vida política nacional o, la más reciente, como parte de la conversación con un amigo que regresó a México y la nostalgia que queda hacia el lugar que en algún momento fue tu hogar.

No recuerdo cuándo fue la primera vez que me detuve a pensar en ello, esa primera ocasión no fue ni por equivocación la primera vez que intentaba responderlo, ni siquiera a un extranjero, pero mi poca habilidad para resolver a su curiosidad al mismo tiempo alimentó la mía principalmente porque no estaba satisfecha del resultado.

Intentar explicar la complejidad de la vida de una sociedad como la mexicana es un gran reto que muchos se han lanzado a vencer, no sólo porque en México coexisten una cantidad enorme de realidades que no pueden reflejarse de manera simple en una respuesta, sino porque cada uno de los que hemos intentado responderlo tenemos una visión distinta que evidentemente corresponde a ese pasado histórico. Es como querer describir los sabores de una cena entera a alguien que no ha probado ni uno de esos platillos en su vida, la gama de sensaciones y factores que envuelven el sólo acto de dar una mordida y saborearla tiene en sí misma una cantidad de referencias personales, físicas e históricas que sólo la persona que lo describe puede entender, e incluso, si aquél que escucha ya los ha probado, la experiencia y el entendimiento de cada uno es distinta. Así de complejo es México y así de complejas son su cocina y su realidad.

Entonces ¿quién gobierna México?

Si consideramos exclusivamente los procesos electorales, no podría asegurarse ni una posición, la derecha estuvo en el poder durante 70 años, lo sabemos, y después de ese período hubo un cambio de partido que se consideraba importantísimo para el país, pero a doce años de esas históricas elecciones, podemos ver que esa transición fue simplemente un pequeño paso más alejado del cambio que todos esperaban. 

Desde la entrada del régimen liberal en México durante los 80s, el partido en el poder comenzó con modificaciones internas que derivaron en la institucionalización de lo que hoy conocemos como la izquierda partidista, la determinación de no dar pie al (neo) liberalismo como política general dentro del Estado Mexicano permitió que aquellos que aún creían en la figura del Estado se volvieran parte de la oposición y conformaran, junto con distintas izquierdas que se habían manifestado en contra del régimen, la tercera fuerza al mando dentro de los juegos políticos en México. Y por tu parte, el partido que nunca negó su carácter empresarial y religioso, el que jamás ha pretendido renunciar a sus principios de derecha y conservadurismo, se fue abriendo camino lentamente entre los espacios que se poco a poco se vaciaban y aprovechó todas esas oportunidades para llegar al poder.

Durante estos 30 años ha existido en cada uno de esos procesos una débil estabilidad que precisamente ha permitido que esos cambios se desarrollen, sutil en algunos momentos y evidente en otros, pero que siempre ha estado ahí, latente, recordando a cada uno de los actores políticos la frágil firmeza de un sistema político que se fundamentó en una idea de país y estado que nunca ha pisado el suelo por completo simplemente porque no consigue reflejar en su totalidad lo que ‘México’ es, o puede llegar a ser.

Quizás ha sido la existencia de este fantasma lo que ha llevado a muchos políticos a cambiar de grupo, chaqueta y discurso dependiendo el momento económico, el clima o los intereses puestos en la mesa, pero algo que queda claro es que la población mexicana en su generalidad nunca ha sido completamente considerada como elemento determinante para las decisiones. Y lo peor de todo es que estos cambios ‘radicales’ de partido no hacen más que desdibujar la imagen general del político de acuerdo al perfil que debería de tener y lo convierten en una especie de prototipo flexible, de muñeco gris que se mueve dependiendo de la fricción conveniente, deslegitimando o perjudicando a cualquier otro que intente sumergirse en ese cosmos complejo y tramposo que conocemos como Sistema político.

No sabemos quién gobierna México, si creamos un mapa por colores dependiendo del partido, el resultado sería precisamente un país políticamente gris; un gobierno federal azul, cuyas acciones cubren y afectan cada uno de los rincones del territorio nacional, una capital amarilla que se encuentra constantemente luchando por extender su capacidad de incidencia e influencia, pero está paradójicamente limitada por su mismo poder; y una multiplicidad de gobiernos verdes-rojos en el resto del Estado, que no se han movido mucho durante los últimos 100 años y que quizás han matizado en momentos su fuerza, pero que no piensan mover ni un milímetro de su poderío y en los que cabe aclarar, el blanco nunca ha tenido un espacio.

Ese gris no es de izquierda, ni de derecha, ni de centro, sus habitantes quizás lo sean, pero en su totalidad no es sino de un color apócrifo que se determina por demasiados factores, tanto internos como externos, pero siempre dependiendo de tres cosas igualmente amorfas que peligrosas; el miedo, la incertidumbre y la violencia.

Hace poco más de un mes se encontraron 49 cuerpos en Cadereyta, al norte del país, sumados a la escandalosa y enorme cantidad de muertos que ha tenido México derivados de la ‘guerra contra el narcotráfico’. La noticia tuvo gran cobertura tanto por el número como por la dificultad para identificarlos, porque quien llevó a cabo el trabajo se encargó de borrar cualquier huella que permitiera reconocerlos, esos 49 cuerpos podían ser de cualquier mexicano, no tenían rostro, huellas, marcas, eran todos y a la vez no eran nadie.

Ellos representan simbólicamente al gobierno, al poder mexicano descabezado y fragmentado, a la élite sin rostro que sólo se reproduce, incluye y excluye personas y las hace tan dispensables como olvidables, pero son a su vez el reflejo de la sociedad mexicana que se encuentra maniatada a esos tres protagonistas, presentes en la vida de México desde hace demasiado tiempo; la incertidumbre, esa que recuerda que el poder es efímero, caprichoso y en cualquier momento puede irse, el miedo a perderlo y la violencia que nace de éstas dos.

“Sigo sin entender cómo es que los mexicanos, después de haber sufrido tanta violencia a lo largo de su historia, son capaces de seguir recibiendo a los demás con cariño y entregar amistades tan valiosas” me dijeron poco después. Yo tampoco lo entiendo, quizás eso es lo que ha permitido que a través de nuestra escala política de grises, emerja una sociedad que en sus muchos colores sigue dispuesta a avanzar. Ahora estamos a unas cuantas semanas de un proceso electoral que, como todos, promete ser histórico y que pondrá de nuevo a prueba nuestra capacidad de ser gobernado por un grupo de enormes intereses económicos que se nunca podrán superar el espíritu del mexicano.

Pero si algo hay de cierto es que ningún partido nos ha gobernado completamente.

domingo, 15 de abril de 2012

La vida ama la conciencia que tenemos de ella

- Dígame ¿Por qué no le gustan los autos?

- Bueno, en primer lugar, la posición del conductor es muy mala. Altera la digestión, aprieta el estómago y agranda el corazón.

En segundo lugar, el tráfico se ha convertido en el arte dramático de los imbéciles. Los accidentes son tragedias mezquinas y los riesgos de la ruta, la única aventura que nos queda.


En tercer lugar, el automovilismo es un sistema de acumulación donde no existe el menor intercambio, excepto los insultos, y donde la gente no se encuentra jamás. Es un sistema de dispersión social: cada uno en su caja.

Y finalmente, a través del automóvil las petroleras y las automotrices imponen sus leyes, destruyen ciudades, hacen gastar fortunas en rutas y policías, contaminan el mundo y sobre todo hacen creer a la gente que no hay nada mejor.


Charles, vif ou mort.

martes, 7 de febrero de 2012

Hay imágenes que contienen el reflejo de toda una época.



Cuando hablamos de la evolución del rol de las mujeres a través del tiempo, sobre todo durante las últimas décadas, nos viene a la mente la serie de anuncios publicitarios tan característicos de los años 50, sórdidos, directos e imperativos, que dejaban completamente en claro cuál era el papel de la mujer en esa época - desde las pin-up girls de esa década hasta el anuncio de la ama de casa abnegada y solícita que resolvía su vida a través de una licuadora, vemos un sinfín de imágenes que no esconden cuáles eran las aspiraciones y ocupaciones a las que una debía atenerse.

La generación de chicas de esa época comenzó a hablar y con esa voz vinieron un sinfín de movimientos de liberación femenina, como bien lo sabemos, y junto con ello, un supuesto cambio en el contenido comercial y los mensajes que eran lanzados a través de las revistas, televisión y radio.

Desde hace ya varios años, como es de esperarse en una época en donde lo políticamente correcto es lo que se populariza sin ser cuestionada su exactitud, distintos estudios se han hecho para mostrar ese cambio en el reflejo de la mujer en la vida social y cotidiana, pero no hay que ser experto en semiología para notar que aún hay un gran camino por recorrer.

Al observar cierto tipo de imágenes publicitarias actuales, sin gran esfuerzo analítico, se puede ver que hay un gran número de elementos que aún se conservan vigentes, en ocasiones de manera sutil, otras de una forma más cínica al evocar directamente a esa mujer resignada de los 50. Haciendo una comparación directa es mucho más evidente; la perpetuación de la imagen femenina se ha mantenido en el fondo, quizás ha cambiado la forma en la que se habla a las mujeres, pero en el fondo el mensaje sigue siendo el mismo.




La animalización de la mujer, limitación de su espacio y libertad de movimiento sigue vigente.
El peso es un tema recurrente en los anuncios dirigidos a ellas; 'limpia la casa y baja de peso' y 'lo suficientemente delgado para comer' se relacionan de manera evidente.


Referencias a la belleza sobre la inteligencia o cualquier otra cualidad no cambia; "La mayoría de los hombres preguntan <¿Es linda?, no ¿Es lista?>" se complementa con la idea de que hay cierto tipo de mujeres en las que el atractivo es mayor tras beber una cerveza.


Es bien conocida la campaña de Axe donde se muestra el poder del olor 'masculino' sobre las mujeres, pero esa idea no es en absoluto nueva.




Relacionar el uso de automóviles con mujeres no es algo acabado; la primera imagen es bastante obvia, la segunda habla de "autos usados", haciendo referencia al número de hombres que pueden existir en el pasado de una mujer


La objetivización y estereotipo de las mujeres ha dado un giro mucho más directo. Principalmente sobre los típicos atributos corporales.