Hace poco menos de un año, a
principios del otoño, en varios puntos de la ciudad se realizaron
movilizaciones en solidaridad con los movimientos Occupy desarrollados
alrededor del mundo, en ese entonces, la mayoría de los jóvenes que se
encontraban acampando tanto en la Bolsa Mexicana de Valores como en Jardín
Hidalgo, en la Delegación Coyoacán, comenzaban a buscar una forma de
articularse y actuar en contra de su inconformidad por diversos acontecimientos
en la vida cotidiana de todos los mexicanos.
Recuerdo algunas de sus
asambleas; los jóvenes ahí presentes, estudiantes y pasantes en su mayoría,
hacían reuniones públicas y abiertas en las que se realizaban reflexiones que
iban de lo general a lo específico acerca de cualquier tema puesto sobre la mesa;
acceso a la educación y su calidad, legalización de las drogas, guerra contra
el narcotráfico, el sistema económico, etc. La consigna principal de la
Acampada Sur era “demostrar libremente la inconformidad”,
durante las asambleas no faltaba el que se unía a la discusión al pasar
espontáneamente por ahí, desde jóvenes hasta adultos, académicos, padres de
familia, etc, se escuchaban muchas voces, pero los voceros eran los jóvenes. No
faltaba, por supuesto, alguno que gritara el típico - ¡Ya pónganse a estudiar!
– y pasara de largo sin detenerse a escucharlos.
En ese movimiento comenzamos a
observar la capacidad de los jóvenes de manifestarse y organizarse, de
reflexionar acerca de todos los elementos que en su conjunto afectaban cada
aspecto de nuestras vidas y de intentar hacer algo al respecto.
Desafortunadamente el impacto del movimiento no llegó mucho más lejos,
sobretodo porque los mismos integrantes declaraban ‘demostrar su inconformidad
representándose a cada uno individualmente, sin representar a ningún grupo
específico’; nunca se logró entender que la responsabilidad de cada uno de los jóvenes
ahí era representar a todos los que no podían estar presentes, fueran niños,
jóvenes, adultos, sindicalizados, maestros o campesinos, no se logró unificar
la inconformidad de una manera que abarcara a todas las personas,
principalmente porque el movimiento surgió como manifestación de solidaridad al
Occupy y a los Inconformes en el mundo, no logró tomar su propia voz para hacer
exigencias y encontrar un camino que representara el cosmos mexicano.
Durante los últimos dos meses,
México ha visto de nuevo una movilización de juventudes impresionante, mucho
más grande y fuerte que la de otoño, pero que demuestra que lo ocurrido en
Occupy México era sólo el comienzo de la reivindicación al interior y exterior
de los jóvenes, que aquellos que se reunieron y durmieron en campamentos
durante meses en la Ciudad de México no mentían y que sus reclamos además de
válidos eran inminentes; tarde o temprano la inconformidad de frente a un
sistema y una situación completamente alejada de la ‘realidad’ que se nos
mostraba en los medios se haría escuchar.
Al interior del movimiento
#yosoy132 se encuentran muchas de las caras que vimos en la Acampada Sur y Occupy
BMV y, afortunadamente, están presentes también muchos de los jóvenes que se
vieron medianamente representados en el movimiento, pero ahora con más fuerza y
consistencia, con mucha más consciencia de la necesidad de una movilización que
se encargue de alzar la voz por los que no pueden o no saben que pueden
hacerlo.
Éstos jóvenes retomaron fuerzas
al encontrarse de cara con un proceso electoral que no refleja ni promete el
cambio que el país necesita, que no cuenta con los elementos que permiten,
democráticamente, que la población ejerza institucionalmente su ciudadanía y
hable por sí misma y no por lo que un grupo de intereses quieren que se escuche
como eco de sus propias voces. Sin embargo, la idea de la juventud organizada
sigue siendo cuestionada por muchos; hace un par de días encontré por
casualidad, entre muchas de las publicaciones que se han hecho, la siguiente
nota:
Concuerde o no con el movimiento,
no logro entender la lógica de los cuestionamientos. A los universitarios y
jóvenes que nos encontramos viviendo este momento de la historia en México se
nos enseñó a través de los libros de historia que los dos cambios más grandes
en el país –la Revolución de Independencia y la Revolución de 1910- se dieron a
través de la organización de ideales y propuestas de distintos grupos para el
cambio; se nos enseñó que las ideas son las que cambian al mundo, se nos educó
para pensar y reflexionar, nos dieron herramientas comunicativas, tecnológicas
y nos dijeron que a través de ellas podíamos expresarnos.
Peor aún, se nos puso en una
situación difícil; después de darnos todo eso, nuestras oportunidades se
redujeron, las promesas de educación y empleo no se cumplieron, ese paraíso que
nos fue prometido no resultó real, ni medianamente alcanzable. Ahora se cuestiona
la veracidad de nuestras ideas y la capacidad de reflexionar y organizarnos,
pero no se logra entender que mucho de lo que vemos en #YoSoy132 es producto de
la propia educación que se nos dio, entonces ¿para qué nos educaron?
Cuestionar el movimiento es
cuestionarse a ellos mismos y la educación que nos dieron y las oportunidades
que nos negaron, es enseñar a caminar a un niño y luego impedirle que corra o
se mueva por sí solo. Es poner en duda, sin reflexionar, la capacidad de la
democracia y su impacto. Hace 10 años, después de la huelga de la UNAM en el 99,
muchos de los que se encuentran en #YoSoy132 escucharon de los adultos que cualquier universitario organizado era un "revoltoso", "sin futuro", que un joven debía ser educado para estar informado y no dejarse influenciar por lo que los demás decían, la idea de ser joven alzando la voz quedó totalmente desprestigiada, luego vino la "transición política" y eso se olvidó. Hoy en día,
los niños que crecieron escuchando eso comienzan a tomar su propia voz y seguir
el consejo de sus padres; se informan, estudian, analizan, no se dejan
convencer ni influenciar, reivindican la idea de la juventud organizada, pero
siguen siendo cuestionados.
No sé cuántos de los que hace 10
años se organizaron simpatizan con el #YoSoy132, espero que una gran parte de
ellos recupere la fe en la juventud y en su movimiento, pero algo de lo que
estoy segura es que los jóvenes del 2012 no quieren quedar reducidos al
términos como ‘revoltosos’ y ‘porros’ por el simple hecho de ser jóvenes, y
quieren que los jóvenes del 2022 puedan vivir como realidad la promesa que
alguna vez a nosotros nos hicieron.


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