Hay una falta de evaluación crítica del pasado. Pero debemos entender que la actual élite gobernante es en realidad la vieja élite gobernante, por lo tanto, es incapaz de hacer una autocrítica al pasado. Nuestra salvación se encuentra en tratar de alcanzar aquello que sabemos que nunca podremos lograr

-Ryszard Kapuscinski-

viernes, 15 de junio de 2012

Yo soy Occupy la inconformidad.


Hace poco menos de un año, a principios del otoño, en varios puntos de la ciudad se realizaron movilizaciones en solidaridad con los movimientos Occupy desarrollados alrededor del mundo, en ese entonces, la mayoría de los jóvenes que se encontraban acampando tanto en la Bolsa Mexicana de Valores como en Jardín Hidalgo, en la Delegación Coyoacán, comenzaban a buscar una forma de articularse y actuar en contra de su inconformidad por diversos acontecimientos en la vida cotidiana de todos los mexicanos.

Recuerdo algunas de sus asambleas; los jóvenes ahí presentes, estudiantes y pasantes en su mayoría, hacían reuniones públicas y abiertas en las que se realizaban reflexiones que iban de lo general a lo específico acerca de cualquier tema puesto sobre la mesa; acceso a la educación y su calidad, legalización de las drogas, guerra contra el narcotráfico, el sistema económico, etc. La consigna principal de la Acampada Sur era “demostrar libremente la inconformidad”, durante las asambleas no faltaba el que se unía a la discusión al pasar espontáneamente por ahí, desde jóvenes hasta adultos, académicos, padres de familia, etc, se escuchaban muchas voces, pero los voceros eran los jóvenes. No faltaba, por supuesto, alguno que gritara el típico - ¡Ya pónganse a estudiar! – y pasara de largo sin detenerse a escucharlos.

En ese movimiento comenzamos a observar la capacidad de los jóvenes de manifestarse y organizarse, de reflexionar acerca de todos los elementos que en su conjunto afectaban cada aspecto de nuestras vidas y de intentar hacer algo al respecto. Desafortunadamente el impacto del movimiento no llegó mucho más lejos, sobretodo porque los mismos integrantes declaraban ‘demostrar su inconformidad representándose a cada uno individualmente, sin representar a ningún grupo específico’; nunca se logró entender que la responsabilidad de cada uno de los jóvenes ahí era representar a todos los que no podían estar presentes, fueran niños, jóvenes, adultos, sindicalizados, maestros o campesinos, no se logró unificar la inconformidad de una manera que abarcara a todas las personas, principalmente porque el movimiento surgió como manifestación de solidaridad al Occupy y a los Inconformes en el mundo, no logró tomar su propia voz para hacer exigencias y encontrar un camino que representara el cosmos mexicano.

Durante los últimos dos meses, México ha visto de nuevo una movilización de juventudes impresionante, mucho más grande y fuerte que la de otoño, pero que demuestra que lo ocurrido en Occupy México era sólo el comienzo de la reivindicación al interior y exterior de los jóvenes, que aquellos que se reunieron y durmieron en campamentos durante meses en la Ciudad de México no mentían y que sus reclamos además de válidos eran inminentes; tarde o temprano la inconformidad de frente a un sistema y una situación completamente alejada de la ‘realidad’ que se nos mostraba en los medios se haría escuchar.

Al interior del movimiento #yosoy132 se encuentran muchas de las caras que vimos en la Acampada Sur y Occupy BMV y, afortunadamente, están presentes también muchos de los jóvenes que se vieron medianamente representados en el movimiento, pero ahora con más fuerza y consistencia, con mucha más consciencia de la necesidad de una movilización que se encargue de alzar la voz por los que no pueden o no saben que pueden hacerlo.

Éstos jóvenes retomaron fuerzas al encontrarse de cara con un proceso electoral que no refleja ni promete el cambio que el país necesita, que no cuenta con los elementos que permiten, democráticamente, que la población ejerza institucionalmente su ciudadanía y hable por sí misma y no por lo que un grupo de intereses quieren que se escuche como eco de sus propias voces. Sin embargo, la idea de la juventud organizada sigue siendo cuestionada por muchos; hace un par de días encontré por casualidad, entre muchas de las publicaciones que se han hecho, la siguiente nota:

Concuerde o no con el movimiento, no logro entender la lógica de los cuestionamientos. A los universitarios y jóvenes que nos encontramos viviendo este momento de la historia en México se nos enseñó a través de los libros de historia que los dos cambios más grandes en el país –la Revolución de Independencia y la Revolución de 1910- se dieron a través de la organización de ideales y propuestas de distintos grupos para el cambio; se nos enseñó que las ideas son las que cambian al mundo, se nos educó para pensar y reflexionar, nos dieron herramientas comunicativas, tecnológicas y nos dijeron que a través de ellas podíamos expresarnos.

Peor aún, se nos puso en una situación difícil; después de darnos todo eso, nuestras oportunidades se redujeron, las promesas de educación y empleo no se cumplieron, ese paraíso que nos fue prometido no resultó real, ni medianamente alcanzable. Ahora se cuestiona la veracidad de nuestras ideas y la capacidad de reflexionar y organizarnos, pero no se logra entender que mucho de lo que vemos en #YoSoy132 es producto de la propia educación que se nos dio, entonces ¿para qué nos educaron?

Cuestionar el movimiento es cuestionarse a ellos mismos y la educación que nos dieron y las oportunidades que nos negaron, es enseñar a caminar a un niño y luego impedirle que corra o se mueva por sí solo. Es poner en duda, sin reflexionar, la capacidad de la democracia y su impacto. Hace 10 años, después de la huelga de la UNAM en el 99, muchos de los que se encuentran en #YoSoy132 escucharon de los adultos  que cualquier universitario organizado era un "revoltoso", "sin futuro", que un joven debía ser educado para estar informado y no dejarse influenciar por lo que los demás decían, la idea de ser joven alzando la voz quedó totalmente desprestigiada, luego vino la "transición política" y eso se olvidó. Hoy en día, los niños que crecieron escuchando eso comienzan a tomar su propia voz y seguir el consejo de sus padres; se informan, estudian, analizan, no se dejan convencer ni influenciar, reivindican la idea de la juventud organizada, pero siguen siendo cuestionados.

No sé cuántos de los que hace 10 años se organizaron simpatizan con el #YoSoy132, espero que una gran parte de ellos recupere la fe en la juventud y en su movimiento, pero algo de lo que estoy segura es que los jóvenes del 2012 no quieren quedar reducidos al términos como ‘revoltosos’ y ‘porros’ por el simple hecho de ser jóvenes, y quieren que los jóvenes del 2022 puedan vivir como realidad la promesa que alguna vez a nosotros nos hicieron.

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